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Atardecer en "Las pesquerías reales", La Boca del Asno, en las frías aguas del Rio Eresma, Segovia.

Después de un fin de semana intenso de exámenes en Madrid, el domingo encontramos un respiro en la zona Segoviana de los pinares de Valsaín, La Granja de San Ildefonso, el embalse del Pontón, La Pradera, Riofrío, Los Asientos y La Boca del Asno. Con el B2 de inglés de Cambridge en la maleta, el primer ciclo de grado superior y la mitad del segundo superados, volvemos al sur con ganas de seguir estudiando... y disfrutando. No hay edad para seguir creciendo. La felicidad es cuestión de actitud. Seguimos.

La fotografía —como el mar— nunca es estática.

La carretera que conduce a la Isla de las Palomas, en Tarifa, es una línea invisible que separa dos mundos. A un lado, el Mediterráneo; al otro, el Atlántico. Dos mares, dos energías, dos formas de moverse… y en medio, la fotografía.

El viento moldea cada instante y el sol dibuja contrastes que cambian en segundos. Fotografiar este punto es aprender a observar y a esperar.

La fotografía —como el mar— nunca es estática. Es un ejercicio constante de mejora. De equivocarte con la luz, de pelearte con el horizonte, de descubrir que lo importante no es capturar el lugar perfecto, sino convertirte en alguien capaz de verlo.