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a contracorriente

Muchas veces hacer lo correcto no es lo más fácil. Ni lo más cómodo. A veces toca mantener una postura aunque no guste, aunque otros no lo entiendan o aunque eso te deje solo por un tiempo. Esta frase de Juana de Arco lo resume bastante bien: “Defiende lo que es correcto, incluso si eso significa estar solo”. La montaña te recuerda algo parecido. Hay tramos que tienes que hacer por ti mismo, confiando en tus pasos y en lo que sabes. Al final, quedarse tranquilo con uno mismo vale mucho más que seguir al resto solo por encajar.

Chica de ayer




Chica de ayer

Huía por la calles de una gran ciudad
corría como loca para impresionar
a todo el quisiera perder un tiempo
y un trozo de vida que no volverá.

Sonrisas de menta, tacón de cristal,
perfume de marca que la envuelve
y que las gotas de lluvia lo borran y lo llevan al mar…

¿Qué fue, que fue de aquella chica de ayer,
que fue de sus promesas, de su vanidad,
que fue de sus sueños, dime donde están?

¿Qué fue, que fue de aquellas risas de ayer,
qué fue de sus caricias, de su vanidad,
qué fue de sus sueños, dime donde están?

Llevaba escrita en la piel historias de más,
tatuajes infinitos le hacen recordar
apuestas que hizo al rojo o al negro
incompatibles con el verbo amar.

Batallas de una noche en el ring del bar,
ahogaba su tristeza tras un cristal
apuestas que repite al par o al impar
soñando “hoy me tocará  ganar…”

¿Qué fue, que fue de aquella chica de ayer,
que fue de sus promesas, de su vanidad,
que fue de sus sueños, dime donde están?

¿Qué fue, que fue de aquellas risas de ayer,
qué fue de sus caricias, de su vanidad,
qué fue de sus sueños, dime donde están?

Puede ser que no nos volvamos a ver, 
pues hoy decidí ganar,
y tu quisiste perder.

Quizás, podamos tomar un café,
entonces tu me contarás, entonces yo te escucharé.

Diré adiós a la chica de ayer.